Incendio en el Tastavins

Un invierno y una primavera extremadamente secos, hacen que el riesgo de incendios se dispare en verano, sobretodo si sigue sin llover.
Las consecuencias más visibles de un incendio forestal son el deterioro de la calidad paisajística que nos produce una sensación de tristeza: donde antes había árboles y vegetación que daban cromaticidad, de repente todo se transforma en un monótono tono monocromo.
Además, el fuego consume la vegetación actuando con un efecto modelador: desaparecen determinadas especies arbóreas para dejar paso a otras más oportunistas y adaptadas el suelo quemado; el fuego aniquila a los animales sin capacidad de rápida movilidad (incluidos los domésticos) y, como los refugiados de las guerras, incrementa la presión de determinadas especies en las zonas más próximas a la quemada; el calor que produce el fuego acaba con los microorganismos encargados de transformar los residuos en abonos; el suelo desprovisto de cubierta vegetal es fácilmente erosionado por efecto del viento y la lluvia que arrastra cenizas contaminando los ríos próximos; los acuíferos no se nutren con el agua de lluvia que corre libremente por el suelo sin apenas infiltrarse; la atmósfera se contamina con CO2; el daño visual en el paisaje afecta negativamente en la oferta turística; el monte pierde valor, no sólo ambiental, sino económico; los bienes productivos del ser humano pueden verse dañados, como masicos, almacenes, cuadras, pastos, cultivos.
Hay muchos motivos para levantar la vista y mirar a estos montes en que habitamos con instinto de protección.
La Comarca del Matarraña ha difundido una circular recordándonos la peligrosa situación por la que atraviesan nuestros montes y recomendándonos prudencia; el Gobierno de Aragón dictó una Orden, de fecha 20 de febrero, que establece:
- período de peligro: entre el 1 de marzo y el 31 de octubre, ambos incluidos;
se define terreno al aire libre todo aquel en el que el uso del fuego no se realice en un lugar cerrado por los cuatro costados y bajo un techo con chimenea provista de matachispas, de tal modo que se confi gure un interior perfectamente definido en el que sea posible la estancia de personas;
- expresamente se prohíbe:
a) El uso del fuego en terrenos al aire libre, mediante combustibles sólidos que generen residuos en forma de brasas o cenizas, fuera de los lugares en que expresamente se autorice. Para el empleo de otros tipos de combustibles se deberán adoptar medidas precautorias tendentes a evitar cualquier riesgo de propagación del fuego, quedando expresamente prohibido hacer fuego bajo arbolado o sobre materia seca que pueda entrar en ignición u otros tipos de material inflamable.
b) Arrojar o depositar en terrenos al aire libre materiales en ignición, como fósforos, puntas de cigarros o cigarrillos, brasas o cenizas.
c) Utilizar cartuchos de caza con tacos de papel u otros materiales combustibles.
d) Arrojar fuera de los contenedores habilitados a tal efecto o vertederos autorizados, residuos que, con el paso del tiempo u otras circunstancias, puedan provocar combustión o facilitar ésta, tales como vidrios, botellas, papeles, plásticos, materias orgánicas y otros elementos similares.
e) Disparar o prender cohetes u otros explosivos similares, independientemente de su lugar de lanzamiento, cuando su alcance pueda incidir sobre terrenos forestales.
f) Elevar globos o artefactos incontrolados que produzcan o contengan fuego. Los globos y artefactos tripulados se regirán de acuerdo a lo contenido en el artículo 8.
g) La circulación de vehículos «campo a través», en los montes cuya gestión corresponde a la Comunidad Autónoma de Aragón, conforme a lo dispuesto en la legislación vigente en la materia.
- en cuanto a las quemas de residuos agrícolas: no se concederán autorizaciones para la realización de quemas agrícolas y forestales y despojos vegetales en la época de peligro.
Las viviendas y otras construcciones ubicadas en el entorno de los montes, dispondrán de una faja de seguridad, libre de residuos combustibles, vegetación seca y matorrales.
Además de multas que pueden ir desde 100 a un millón de euros, se deberá restaurar el monte e indemnizar por los daños.
Por todas estas razones, merece la pena hacer SAPEF y cuidar nuestros montes.

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