Vox Populi

Una nueva entrega de Sergi Edo, que en esta ocasión reflexiona sobre la responsabilidad del votante y el papel "parasitario" de los partidos políticos. Es una invitación, "apolítica", para aplicar la ley de la selección natural en el momento de tomar la decisión para emitir el voto.


Darwinismo en la Política
 Los partidos políticos no son más que máquinas de hacer votos.

            La democracia es un mero sistema, un sistema que no implica ni libertad ni igualdad ni justicia ni ninguna de las cualidades que muchas veces escucho como consecuencias directas de democracia. Estoy harto de escuchar cosas como “la democracia actual española no es democracia” o “este gobierno no es democrático porque nos miente”, por poner dos ejemplos de los muchos que se escuchan cada día. Ninguna de las quejas que oigo son consecuencias directas de la democracia y, repito, ninguna.

            Debemos entender la democracia actual como lo que es, un sistema de elección de gobierno. Un sistema en el que se juega con dos factores: la elección directa de los ciudadanos y las leyes que rigen tal democracia (el número de escaños por regiones, las funciones del parlamento, la constitución y las leyes en general). Con estos dos factores entran en lucha los partidos políticos, enfrentándose entre sí para conseguir el número más grande de representación, oséase, de poder.

            Independientemente de las leyes que rijan la democracia (leyes que beneficien a dos grandes partidos, leyes que beneficien a la multiplicidad de partidos) da igual que tipo de repartición de poderes haya, la lucha por el poder se convierte en una pura competición para ser el partido más fuerte, de la misma manera que la competición para la adaptación de los animales al medio -la selección natural-.

De esta lucha se sigue que los partidos van a buscar la máxima rentabilidad en sus actos: el mínimo esfuerzo para el máximo rendimiento (optimización de los recursos). Y cuando un partido encuentre cierta manera de conseguir muchos votos por poco tiempo y dinero, los demás partidos van a tener que adaptarse o van a perder fuerza -o incluso desaparecer-.

            Entonces, ¿es esperable que haya verdad en la democracia?. Es un hecho que disfrutamos de cierto grado de verdad y justicia, pero siempre en tanto que son factores que dan votos y poder al partido que las promete. El problema reside cuando un partido adopta una actitud parasitaria, es decir que miente sobre sus promesas o miente sobre la situación real del país.

La actitud parasitaria se aprovecha robando el esfuerzo de los demás, por tanto, es la forma más eficiente de conseguir poder. Lo mismo se puede aplicar a la justicia, educación sanidad... El parasitismo es muy complejo porque un parasitismo excesivo será mal visto por los votantes y entonces el balance poder/esfuerzo  cae en picado.

            Hemos de recordar que el poder (que se reparten los partidos) tiene la posibilidad de controlarlo todo. En la carrera por conseguir más y más poder y la presión constante que se ejercen los partidos entre ellos, conlleva a que tomen acciones para que la sociedad acepte el parasitismo ya sea camuflándolo o desinformado.

            Por suerte los partidos luchan por el voto de los ciudadanos y nosotros podemos escoger cual es la cantidad de parasitismo que vamos a soportar. Los partidos están sometidos a este tipo de selección natural y quien controlamos, al menos en parte, esta selección natural somos los que damos el poder.

Entonces si nosotros exigimos un nivel cero de parasitismo, se nos va a ofrecer un nivel muy bajo de parasitismo político (siempre va a quedar ese nivel mínimo que nos van a intentar colar). Y no solo debemos exigir nivel cero, sino que debemos hacer que eso quede marcado en leyes que cueste mucho de modificar y de una manera muy concienzuda para que ningún partido nos pueda hacer pasar pirita por oro, ya que son estas leyes las que rigen la selección natural de los partidos.

© Sergi Edo, Barcelona 2012

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