El castillo de La Fresneda

Subir al Castillo de La Fresneda es tener ante tus pies la Comarca del Matarraña, recortada por los Puertos de Beceite; pero ir de noche, atravesar el foso de la Iglesia, el cementerio medieval y subir la escalinata de hierro es una experiencia mística.

Pero, vamos a conocer un poco más de la historia de nuestro Castillo de mampostería y piedra sillar.

Hay una referencia a él en Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España y sus posesiones de ultramar, Madrid, Establecimiento tipográfico de P. Madoz y L. Sagasti, 1845-1850. Edición facsímil, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1986, pp. 106-1: “...En esta población mandó fusilar Cabrera en enero de 1836 a los alcaldes de Torrecilla y Valdealgorfa, por haber dado parte al Gobierno de la reina de los movimientos carlistas. En julio, en 1839, la fortificaron los carlistas, y en diciembre del mismo año, hallándose Cabrera en ella, mandó destruir su antiguo castillo y los edificios en que pudiesen hacerse fuertes las tropas de la reina. En esta población atacó a Cabrera una grave enfermedad. Su familia y amigos nos creyéndole seguro, lo trasladaron a fines de dicho mes a sitio más cómodo y menos arriesgado”.

Se trata de uno de los pocos testimonios de fortificaciones medievales conservadas en la Comarca del Matarraña y constituye -junto a la monumental casa de la Encomienda- las principales huellas de la Orden de Calatrava y su férreo dominio sobre esta población.

El castillo de La Fresneda se reconquistó en 1169, durante la ofensiva del sur del Ebro, y perteneció desde 1179 a la Orden de Calatrava por donación de Alfonso II. En 1210 el comendador Martín Pérez lo cedió a don Jimeno López pero al no tener este descendencia volvió a manos calatravas en 1274. En la guerra de Sucesión fue base del regimiento francés de Burk, destinado a defender estas fronteras. Durante las guerras carlistas la zona fue escenario de violentos combates y el castillo se acondicionó para el fuego artillero y fusilero de las tropas del general Cabrera, que causaron grandes destrozos al tener que abandonarlo en 1839.

Entre los restos que hoy todavía pueden contemplarse destacan los de una gran torre cuadrangular de difícil datación a la que recientemente se la ha adosado una estructura metálica -a modo de escalera interior- que permite ascender hasta su parte más alta y disfrutar de unas vistas espectaculares.

La estructura conservada de la antigua torre está realizada en mampostería y reforzada en sus esquinas con voluminosos sillares. En uno de sus lados –en el de mayor longitud- se abre una puerta o vano de acceso rectangular con robusto dintel definido por un gran sillar. En la parte superior del mismo muro, en el extremo derecho, se dispone una ventana o vano rectangular con grandes piezas de madera como dintel.

Por los testimonios documentales conservados se sabe que en el siglo XVIII este castillo ya estaba prácticamente abandonado. Lo destruyó Cabrera casi en su totalidad en 1839, durante la primera guerra carlista.

En 2001, se llevó a cabo la consolidación de los principales restos de este conjunto defensivo.

Alcanzó la consideración de Bien de Interés Cultural por Orden de 17 de abril de 2006 del Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón en la que se relacionan los castillos del territorio aragonés objeto de esta protección. En esta orden se le recoge con el nombre de “castillo de Santa Bárbara”.




No hay comentarios:

Publicar un comentario