Jueves Santo 2015

Con el Jueves Santo arrancó una Semana Santa única, plagada de instantes para el recuerdo, con un espectador especial que, desde allí arriba, no quería perderse nada de lo que ocurría: me refiero a ese sol espectacular que ha hecho que se batan records de visitantes en La Fresneda.

El primer acto oficial fue la conmemoración de la última cena de Jesús con sus apóstoles, recreando la escena en que les lavó los pies, en la tradicional Misa del lavatorio. Las tarjetas de memoria de las cámaras y móviles se empezaron a llenar con las imágenes de los doce apóstoles, vestidos con túnicas, caminando hacia el altar mayor de la Iglesia de Santa María la Mayor.
Después nos sobrecogió la humildad del párroco lavando los pies a los doce feligreses, con un ritmo pausado y sosegado, sin prisa, con el gusto de quien hace las cosas bien por pura devoción. Todavía no nos habíamos recuperado de las luces y contraluces de la iglesia parroquial, cuando a su misma puerta empezaron a resonar los tambores, en el primer ensayo dirigido por Juanito, que cada año se hace más grande y más presente.

Después de la cena, volvieron los bombos y tambores a ser los protagonistas, en la subida a Santa Bárbara, que ya en su tercer año se suma al elenco de actos tradicionales, con una camino iluminado con redobles de pasión.

Es imposible poner en imágenes tantos sentimientos; pero estas son las que compartimos con todos vosotros.


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